¿Por qué buscas un “por qué”?

Eres adulto, estás leyendo esto, ¿por qué? ¿Estás intentando encontrar respuestas a algo? ¿Alguien te ha enviado el enlace de este post? ¿Has navegado sin rumbo hasta encontrarlo? ¿Has buscado por alguna palabra relacionada con el tema? ¿Piensas que el destino ha unido nuestros caminos? ¿Crees que la confluencia de los astros nos ha hecho converger en el mismo espacio temporal? ¿Tienes el convencimiento de que algo superior nos ha puesto en contacto para salvar el mundo?

Puedes seguir haciéndote mil preguntas más o menos metafísicas al respecto, puedes seguir teniendo un exceso de mente y no dejarte llevar, puedes ser del todo racional y evitar que las cosas fluyan, puedes buscar la respuesta a todo lo que te acontece. La única cuestión es que lo estás leyendo, estás invirtiendo tu tiempo en hacerlo y te relajará saber que no hay más.

Piensa que tan solo estás leyendo un blog y que no hay nada de trascendental en ello. Sabes que tu mente puede complicarlo o simplificarlo y que todo va a depender de ti. Ahora traslada esta “preocupación” que podría generar tu cerebro a algo en teoría más complicado como una situación económica, una ruptura matrimonial o la pérdida de un ser querido. Añade al cóctel la búsqueda de algo más que explique tu situación, tu mal estar, tu preocupación. ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? ¿De donde venimos?

Cada uno va a interpretar lo que le pasa en la vida según la educación recibida y las vivencias y experiencias que han ido incorporando miedos, alegrías, creencias, esperanza… Hay gente para la que todo está escrito y hay gente que piensa que el destino tienes que escribirlo tú. Una de las explicaciones que más me gustó a este respecto y con la que me quedo de momento es que las líneas fuertes de tu destino están escritas pero tú tienes la potestad de elegir un camino u otro en un determinado momento forjando tu destino final.

¿Crees que otro ser vivo se hace tantas preguntas?

Imagina que eres un árbol. Sí, aunque algunos lo olviden también es un ser vivo que respira, crece y se reproduce. Piensa que has nacido árbol y te plantearas por qué he nacido aquí y por qué no he nacido en la otra ladera del monte. Cual es mi función en la vida y qué pasará cuando deje de existir, es más, ¿dejaré de existir para siempre? Un árbol nace, busca el sol y el agua, crece y se reproduce sin más, haciendo su vida sencilla y no se plantea si el mes que viene lloverá o lo talarán. Para un árbol todo está bien, tan solo vive el ahora.

Imagina que eres un ciervo. Has nacido del vientre de mamá, te acompaña en tus primeras vivencias, tu instinto te hace rechazar los peligros y pastas en los campos hasta que eres adulto y buscas un hembra de tu especie para reproducirte. Crees que un ciervo se plantea si podría haber sido más guapo, más fuerte o más alto. Si verdaderamente se plantea cual será su futuro si toma esta u otra decisión barajando todos los parámetros de su existencia. Piensas que se sienta a llorar o se lamenta porque no es lo que quería ser. Para un ciervo todo está bien, tan solo vive el ahora.

Observa ahora a un niño. Naces perfecto. Con un cuerpo físicamente extraordinario y una mente prodigiosa. En tus primeros años de vida buscas la aceptación y el amor de tus padres siendo fiel reflejo de ellos, copiando todo lo que hacen. Quédate ahí. Quédate en ese momento antes de que su influencia y la de la sociedad incorpore miedos, creencias, limitaciones, frustraciones y tópicos a su crecimiento como persona. ¿Crees realmente que ese niño se plantea algo más que su propio mundo en el instante de ahora mismo? Para ese niño todo está bien, tan solo vive el ahora.

Mira como juega. Juega de forma consciente, con todo su ser. Comprueba cómo se abstrae cuando mira la televisión o maneja un dispositivo móvil. Observa cómo vivencia su juego, su lloro, su acto de forma que no existe lugar para recuerdos ni espacio para un futuro que pueda venir. Ahora pregúntate cuánto tiempo hace que no haces algo parecido. Piensa si en la última conversación que tuviste estabas presente o tus pensamientos iban y venían mientras asentías con tu cabeza. Recuerda si tu último abrazo tenía caducidad porque debías seguir haciendo las cosas que te dicta el estrés o te quedaste a disfrutarlo invirtiendo tan solo cuarenta segundos de tu tiempo. Dime si el último capítulo del libro que estás leyendo lo has leído con todo tu cuerpo, respirándolo, saboreándolo o sólo con tus ojos.

Como comentaba en otro post, las cosas pasan porque tienen que pasar en el momento tienen que pasar y de la única forma que tienen que pasar. Y algunas de ellas son instantes únicos e irrepetibles. ¿Vas a seguir perdiéndotelos?

¡Todo está bien! Pero, ¿lo estás viviendo?

Deja de buscar el por qué del momento y vívelo. Deja de buscar el por qué de una decisión y acátala. Deja de buscar el por qué de una vivencia dolorosa y acéptala. Deja de buscar el por qué de una lucha con tu mente y ríndete. Deja de buscar el por qué de las cosas que se presentan en tu día a día y empieza a plantearte un ¿por qué no? Haz todo lo que puedas en cada instante para conseguir tu objetivo y déjalo, que la vida te traiga. Y una vez lo tengas, sea lo que sea, acéptalo de buena gana porque ten por seguro que será lo que más te convenga, aunque no sea lo que hayas pedido. Tómalo como una lección de vida, aprende del momento y déjate llevar, fluye a sabiendas de que hiciste todo lo posible, pero hazlo.

Recuerda que la madurez del ser humano se alcanza cuando amas lo que tienes y dejas de preocuparte por tener lo que amas y eso es algo que saben los niños y que tú has olvidado al convertirte en adulto. Tan solo observa los juguetes, los juegos y la forma de vivenciarlos de los niños de un país desfavorecido. Mira sus caras de felicidad al darle patadas a un amasijo de papeles y cartones, al recibir como regalo un estuche de colores o al deslizarse por una ladera de barro en su población natal, donde no existen las comodidades de las que tú disfrutas cada día. No hace falta que te preguntes quién es más feliz, si tú o ellos. Tan solo pregúntate quién disfruta más del momento.

La mayoría de las personas aplazan la vida hasta que suceda algo pero todos olvidan que la vida no espera y cuando te das cuenta pasaron los días, las semanas, los meses y los años y estás en tu lecho de muerte pensando en todo aquello que te perdiste y arrepintiéndote de no haber vivido como hubieses querido hacerlo. Ahora es tu oportunidad, ahora mismo. Deja de leer este post y abraza a tu peque como si no hubiera un mañana, llama a tus padres y diles que les quieres con locura, besa a tu pareja como si fuera la primera vez, juega con tu perro siendo el dueño que piensa tu perro que eres, conversa con un amigo con todo tu cuerpo, interésate de verdad por los problemas de tu vecino y haz alguna cosa por algún desconocido, como dejarle una notita anónima en su coche diciéndole que te ha alegrado el día y que le deseas uno aún mejor o quédate mirando a alguien en un atasco y pídele amablemente que sonría con un gesto.

La vida no espera. ¡Hazlo ya!

Haz algo pero hazlo. Haz algo ahora mismo. Haz algo todos los días y conviértelo en un hábito. Haz algo durante veintiún días seguidos y lo habrás convertido en hábito.  Haz algo y apúntalo en algún lugar. Haz algo y deja de preguntarte el por qué de todo, simplemente hazlo. Haz algo y si tienes que preguntarte algo, pregúntate ¿por qué no?

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