Amor y desamor

En principio, este podría ser el único tema del que no podríamos aprender de los niños en el contexto en el que lo entendemos los adultos. No verás a un niño llorar o pasarlo mal por una relación frustrada, entender lo que es el desamor o sentirse inferior porque su pareja no lo valora, entre otras cosas porque no tienen arraigado los conceptos de pareja, relación y amor. Aunque veremos que también podemos sacar buenas conclusiones observando su comportamiento como personas individuales.

Desde la adolescencia se nos ha inculcado el concepto de la “búsqueda de nuestra media naranja”, pero siempre desde una perspectiva incompleta de nosotros mismos, como si necesitáramos encontrar a alguien que nos complementase para poder seguir adelante en nuestro camino, como si fuera necesario un compañero para realizar el viaje de la vida. Nadie nos lo explica desde el conocimiento de que como personas ya somos completos desde que nacemos.

Somos completos desde que nacemos.

Llegada la época del primer amor, para unos más tardía que para otros y por consiguiente la primera ruptura, empiezas a fijarte en que la mayoría de las canciones hablan de amor y desamor y lo notas en exceso cuando estás en el proceso del enamoramiento pero sobretodo cuando has acabado una relación. Esto se llama percepción selectiva. Es lo que te hace ver miles de mujeres embarazadas cuando estás en el estado de buena esperanza o miles de coches como el tuyo cuando has adquirido un nuevo modelo. Hasta entonces, simplemente no te habías fijado, era algo ajeno a ti.

Incluso me aventuraría a decir que las famosas Leyes de Murphie tales como las que rezan que una tostada que cae de la mesa siempre caerá por la parte untada de mantequilla o que un bolígrafo caerá de punta y cuanto más caro más de punta caerá, tan solo son lo mismo, más percepción selectiva. Tan solo es cuestión de probabilidad, siendo cuando se producen estas situaciones cuando te das cuenta de las cosas.

El bolígrafo te habrá caído mil veces de una forma que no se habrá estropeado, entonces simplemente lo recoges y sigues escribiendo. Los coches seguirán existiendo y muy probablemente hayas escogido el modelo porque es fiable y porque lo has visto infinidad de veces aunque sea de forma subconsciente. La balada romántica de un grupo de rock la habrás oído en inglés pero probablemente empezarás a fijarte en su letra cuando estés más sentimental porque una relación no haya salido bien. Las veces que la tostada cayó por la parte sin untar simplemente fue recogida del suelo, soplada y puesta de vuelta al plato para el desayuno.

No verás un niño hablar de leyes de Murphie hasta que se lo explique un adulto. No verás a un niño hablar de percepción selectiva porque la mayoría de los adultos no conocen el término y por lo tanto no lo transmitirán a sus hijos. No observarás a un niño llorar porque una novia del colegio no le hace caso porque simplemente es una amiga, una persona externa a él que no le complementa sino con la que comparte experiencias siendo él/ella mismo/a.

Pero, realmente ¿qué es el amor?

Hay diferentes grados de amor y no todo el mundo los comparte. Depende de las culturas, los pueblos o la educación recibida. Tal vez la más utilizada por lo menos en el contexto en el que yo me muevo sea primero querer y luego amar. También hay diferentes tipos de amor: el de un padre a un hijo, el de una persona a una mascota, el de un cónyuge a su pareja, aunque no discutiremos en este post más que el tipo de amor de una relación entre adultos. Ese amor que nos hace compartir nuestra vida con alguien. No hablamos de los otros tipos de amor del que los niños no dudan y sí conocen.

Hablaba de los dos grandes grados de enamoramiento que existen: querer y amar. Aunque podemos añadir un nivel anterior a ambos que sea el pre-querer como se comentaba en una película española de forma graciosa y sutil. Pre-querer es cuando empiezas con una persona que te atrae, con la que estás a gusto, por la que empiezas a sentir algo pero al despedirte no sabes cómo hacerlo porque un “hasta luego” se queda corto y un “te quiero” te viene grande.   

El siguiente nivel de enamoramiento, por lo menos en mi contexto es “el querer”. Quieres a una persona cuando ese aprecio que le tienes pasa a ser algo más, cuando las ganas de compartir momentos se acrecientan, cuando sabes que puedes contar con esa persona para todo y al mismo tiempo harías cualquier cosa por ella, cuando es la primera persona con la que quieres compartir una buena noticia o una alegría, cuando se convierte en el hombro en el que apoyar tu cabeza para verter tus lágrimas en un mal momento, cuando sabes que a parte de una pareja, tienes un buen amigo. Y cuando todo esto es mutuo.

¿Y el amor? ¿Estar enamorado es lo de sentir mariposas en el estómago? ¿Eso que dicen que solo se vive con quince años, con tu primer amor o una sola vez en la vida?

¡Déjate de tópicos, creencias y chorradas y vive! ¡Ama!

El amor es parar el tiempo con un beso. Sentir que todo se ralentiza, se difumina y solo quedáis vosotros enfocados en un plano donde sois protagonistas. Donde la cámara gira a vuestro alrededor en un plano giratorio y todo lo demás no importa, estás en tu burbuja de protección donde no te puede pasar nada, donde todo está bien.

El amor es estremecerse con una caricia. Que un roce de un dedo por tu brazo recorra todo tu cuerpo poniéndote la piel de gallina y erizando tus pelos. Descubrir que algo tan inocente como deslizar una mano por cualquier parte no erógena de tu cuerpo hace que te excites sobremanera.

El amor es transmitir con una mirada. Sin necesidad de pronunciar ni una palabra, tan solo mirando que no viendo, tan solo mirando más allá de los ojos, tan solo no mirando con los ojos sino con todo tu cuerpo. Estando presente en cada momento, en cada instante, en cada gesto.

El amor es cogerse de la mano hasta envejecer. Para caminar juntos, para saber que estás ahí y para decirte que puedes contar conmigo, para apoyarme si lo necesito y para que te apoyes si lo deseas. Comunicarse a través de la mano, mirándose el alma es una experiencia increíble, sin necesidad de hablar, tan solo interiorizando el diálogo.

El amor es entregarte sin condiciones. Sabiendo que eres vulnerable, con conocimiento de que puedes perder lo que tienes, mostrándote tal y como eres, aunque te puedan hacer daño. Si te reservas por miedo a una gran caída puede que la otra parte no conozca tu verdadero ser y no esté dispuesto a pasar el resto de sus días contigo con lo que ambos quedáis protegidos pero con la duda de lo que pudo ser.

El amor es perder el control y la noción del tiempo. Deja de tenerlo todo controlado, deja de ser racional, un sentimiento tan fuerte no tiene nada que ver con el raciocinio, se siente o no se siente. Cuando estás con alguien y no sabes ni cuánto ni dónde, cuando compartes con ese alguien y dejas de controlar la situación, cuando te desbaratas y no te conoces a ti mismo porque has perdido los papeles por esa otra persona, es cuando estás enamorado.

¿Estás enamorado/a?

Eso se siente o no se siente.

La respuesta a esta pregunta es muy fácil y muy complicada al mismo tiempo puesto que el siguiente tópico del que habla la gente con frecuencia es que ese enamoramiento solo dura un periodo breve de tiempo, al principio de una relación. Me resisto a pensar que sea así. Me resisto con todas mis fuerzas. ¡Lo sé!

Si trabajas con tu pareja el no caer en la monotonía, el pensar que no todo está hecho y que siempre se puede mejorar, el redescubrirse cada día porque con la edad tenemos nuevas inquietudes y reorganizamos nuestras prioridades, si sorprendes a tu pareja con un pequeño gesto cualquier día no indicado en el calendario, si sigues mirándola con los ojos de enamorado, nunca puede ir a menos. Cada vez tendrás más complicidad, más confianza el uno en el otro, más seguridad, más conocimiento el uno del otro, en definitiva más amor.

Pero no todo el mundo lo hace, no todas las personas tienen los mismos valores. Puede que estés ante el amor de tu vida pero en diferentes momentos, distintas frecuencias que no cuadran en el espacio temporal de vuestras vidas y la relación se rompe. Ahora debes de guardar luto, debes no volver a intentarlo porque te volverán a hacer daño, debes no mostrarte tal y como eres y debes no dar demasiado porque sino te volverán a hacer daño. ¡Qué narices!

No verás a un niño dejar de levantarse una y otra vez cuando está aprendiendo a andar. Se alzará una y mil veces hasta conseguir su objetivo, sin lamentaciones, sin frustraciones, sin mermar su personalidad y su valía como persona en cada caída, superando cada obstáculo con más fuerza y ganas que antes. Aplícate el cuento en el amor. Deja de llorar por los rincones por haber dado todo de ti y que no haya salido bien, todo está bien.

Es difícil saber dejar pasar el tiempo.

En ese momento es difícil saber dejar pasar el tiempo, aguantar sin una llamada, recomponer tus días pero es mucho más llevadero si estás bien contigo mismo/a y sabes que no necesitas a nadie para seguir tu camino, simplemente has dejado de compartir las experiencias con alguien y ahora toca andarlas en solitario. Hay momentos para todo.

El día menos pensado, un día común, cuando hayas perdido casi cualquier esperanza, cuando ya no busques, cuando dejes que la marea te traiga, aparecerá alguien. Alguien que reemplazará con sus besos lo que antes creías irremplazable, alguien al que amarás después de haber sentido tanto daño, alguien que al tocarte superará con creces lo que antes sentiste, alguien que te hará olvidar cualquier escollo de tu anterior relación, alguien que te hará ver que lo que tenías antes tan solo era un espejismo, alguien que sabrás que es para ti, para siempre.

Y si no es así, vuelve a empezar. Pero hazlo viviendo cada momento, aprendiendo de cada experiencia, sacando jugo de cada instante, dándolo todo, dándote por completo, sabiendo que eres una persona entera y que no necesitas a nadie para ser feliz. Este bien contigo mismo/a y aprende a quererte más. Cuando tú esté bien, todo vendrá rodado.

¡Ama!

Siempre preferiré caerme mil veces por desamor que no haber amado jamás.

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