Gandhi vs niños

Esta es la primera de las dos docenas de preguntas respondidas por Mahatma Gandhi comparadas con las respuestas de mis hijos, Rebeca de diez años y Pau de doce. Respuestas rápidas y sin pensar, llenas de la inocencia de los niños que nos ayudarán a comprender que todos llevamos un sabio dentro de nosotros cuando nacemos. Al crecer, nos alejamos de esta sabiduría en mayor o menor medida en función de nuestro entorno, la educación recibida y las experiencias que nos marcarán y forjarán nuestro carácter y personalidad.

Incluyo las preguntas realizadas a Gandhi, sus respuestas y las respuestas de Rebeca y Pau, junto con un humilde comentario al respecto. Os adelanto que no tienen desperdicio y que muchas coinciden de forma directa o en su fondo.

Para explicarles que necesitaba ayuda con este post, les di a conocer algo de la vida de Mahatma Gandhi, les enseñé fotos y les comenté su forma de ver la vida y combatir con la no violencia. Las respuestas de Pau iban acompañadas, al compararlas con las de Gandhi de un comentario de “estoy quedando fatal, ¿no papá?” A lo que yo le respondía que no, que quería respuestas de un niño, completamente espontáneas, sinceras y llenas de inocencia. No quería las respuestas de un adulto sabio. ¡Aquí las tienes!

1) ¿Cuál es el día más bello?

Gandhi: Hoy.
Pau: Cuando hace sol.
Rebeca: Un día de primavera.

En la primera de las respuestas prácticamente coinciden, cualquier día, el día de hoy, todos los días que sale el sol, todos los días que son bonitos a sus ojos. Los niños no viven anclados en el pasado ni piensan en futuros inciertos e irreales, tan solo viven el presente intensamente. No se plantean nada más que el momento actual, lo que estoy haciendo ahora y lo que estoy llevando a cabo ahora mismo de forma intensa.

El día, hoy. El momento, ahora. ¡Disfrútalo!

Por lo tanto, deja de pensar en lo que podría haber sido porque lo que ha sido es lo único que podía suceder. Deja de pensar en lo que fue porque ya pasó y no volverá. ¿Crees que un niño se plantea algo así? Hazte un favor y piensa como un niño.

2) ¿La cosa más fácil?

Gandhi: Equivocarse.
Pau: Andar.
Rebeca: No lo sé.

¡Por supuesto! Tanto los niños como los adultos se equivocan continuamente, aunque afrontan sus fallos de manera totalmente diferente. Mientras que un adulto se enfrenta a una frustración que llega incluso a marcarlo durante un tiempo indeterminado, los niños utilizan la equivocación de forma innata como herramienta de experimentación y aprendizaje. Un fallo implica una mejor forma de hacer las cosas, otra manera de intentar conseguir sus objetivos, una lección que no olvidan y que no les supone una frustración instantánea en la que no se regodean como los adultos.

¡Equivócate una y otra vez! ¡Cáete una y mil veces y levántate una más!

Desde su mundo, desde ellos hacia afuera, desde lo que conocen y experimentan hacia lo que descubren continuamente, sus contestaciones son menos metafísicas pero del todo sinceras.

3) ¿El obstáculo más grande?

Gandhi: El miedo.
Pau: Un muro.
Rebeca: Eso que se salta en las carreras.

Existen dos factores que influyen sobre el movimiento y el camino a seguir por un adulto y son el amor y el miedo. El amor por nuestros seres queridos, por nuestra pareja, por nuestros amigos o por lo que hacemos, es el motor de nuestra vida. En cambio, el miedo es aquello que nos paraliza y no nos hace avanzar: el miedo a romper una relación de infelicidad, el miedo a cambiar de trabajo si no nos apasiona el actual, el miedo a afrontar una situación nueva para nosotros. En conclusión, el miedo a lo desconocido. Miedo al cambio.

El amor nos mueve en nuestro camino, el miedo nos paraliza.

En cambio los niños, esto ni se lo plantean. Para ellos muchas cosas son nuevas pero las afrontan sin miedo, experimentando y aprendiendo en cada acción. Su innata curiosidad les empuja a probar, inspeccionar, averiguar, investigar cualquier cosa que su mente dicte y su también innata creatividad aplicada a la resolución de conflictos les hace salir victoriosos de casi cualquier situación. Y si no es así, vuelven a asimilar dicha información como lección de vida y sobre todo no admiten la frustración de no haber conseguido algo sino que automáticamente están afrontando un nuevo reto, jugando a otra cosa o cambiando de tema de conversación.

Sino, observa sus contestaciones. Un muro del todo escalable para Pau porque se inventa su propio parkour. Y una valla de atletismo que se supera con un simple salto para Rebeca. Ambas respuestas no tienen ni un ápice de barrera infranqueable ni ningún componente de frustración añadido.

4) ¿El mayor error?

Gandhi: Abandonarse.
Pau: Equivocarse.
Rebeca: No equivocarse.

Esta respuesta no la comparten puesto que no saben lo que significa abandonarse y si se lo explicaras, no lo concebirían. ¿Imaginas a un niño abandonándose en su forma de actuar, cabizbajo, arrastrando los pies, con una respuesta siempre negativa, con una cara triste y que no haya forma de animarlo ni siquiera haciéndole cosquillas? Yo, ¡no!

Ellos no entienden como cualquier fracaso puede hacerte abandonar en tu empeño porque ellos no cesarán hasta conseguirlo de una forma o de otra. Ellos no comprenden cómo puedes abandonar tu físico cuando su vida está basada en el movimiento. Ellos no conciben cómo puedes dejar de pensar positivamente cuando todo en su vida es nuevo, curioso, atrayente, investigable porque aún no han caído en ver las cosas como los adultos, algo cotidiano y sin importancia.

Si no te cuidas tú, no podrás encargarte de los demás.

Nosotros solo nos damos cuenta cuán importante es poder oler una flor hasta que quedamos postrados en una cama para siempre. No apreciamos el poder acariciar la mejilla de nuestra pareja hasta que perdemos las manos en un accidente. Y no nos percatamos de lo importante que es decir un “te quiero” o un “perdona” hasta que perdemos a la persona amada.

5) ¿La raíz de todos los males?

Gandhi: El egoísmo.
Pau: El miedo.
Rebeca: El mal.

Ningún niño de los que he conocido en mi vida ha sido egoísta. Podría matizar que los hijos únicos en los primeros años de su vida y sobre todo la primera vez que deben compartir sus pertenencias, en su mayoría juguetes, con los amigos que visitan su casa o en la guardería, son más recelosos. Algo que si se ataja desde el primer momento no tiene más importancia.

Piensa en dar y ofrecerte a los demás y recibirás mucho más.

Pero, ¿cuántos adultos conoces que solo piensan en sí mismos? Y ya no de tu entorno más cercano sino personajes conocidos en todos los ámbitos. Donde prevalecen sus propias necesidades frente a las de los demás, incluso necesidades creadas por ellos mismos, por su ego. Ya que el ser humano, por naturaleza no necesita nada para vivir. Estamos cansados de ver niños de países menos desarrollados económicamente jugando con una pelota hecha de raíces o con un globo hinchado.

Nosotros, los más “desarrollados” necesitamos dos coches, una gran hipoteca y cientos de gastos superfluos mensuales para alcanzar una mínima parte de la felicidad con las que ellos conviven a diario. Olvida a tu ego. No lo escuches y serás más feliz.

6) ¿La distracción más bella?

Gandhi: El trabajo.
Pau: El baloncesto.
Rebeca: Jugar.

El trabajo de los niños es ser niños y son niños porque juegan, disfrutan y viven. Cuando nos convertimos en adultos llevamos desde la adolescencia oyendo que nuestros problemas no son problemas, que la mejor época es la de estudiante y todo porque la rueda en la que nos metemos socialmente nos incita a vivir para trabajar y no a trabajar para vivir, disfrutando del resto del tiempo.

Trabaja para vivir. No vivas para trabajar.

Si no eres feliz en tu trabajo, si realmente no te apasiona lo que haces, tienes dos opciones: o cambiar de trabajo o hacer que te apasione. La primera opción conlleva un miedo muy común entre los mortales, el miedo al cambio. Cualquier adaptación requiere un proceso y esto asusta a muchas personas, aunque las valientes que se lanzan, acaban contando que no es para tanto.

Y la segunda opción tan solo depende de ti. De ti depende que tu trabajo te amargue o te guste. De ti depende que tu trabajo esté hecho a conciencia o sea un mero trámite. Lo que estoy seguro es de que si realmente te apasiona, el resultado es completamente diferente.

7) ¿La peor derrota?

Gandhi: El desaliento.
Pau: El abandono.
Rebeca: Una derrota en lo que mejor te sale.

Los niños comparten por naturaleza, se ayudan de forma innata. Somos los adultos los que les inculcamos el espíritu competitivo, el llegar más rápido que el otro, el llegar más lejos, el ser mejores. Esto no es malo, siempre que se acompañe de un sentimiento de nobleza, de no conseguir el objetivo a base de pisotear a los demás. Y muchas veces llegamos transmitirles nuestras frustraciones dejándolos sin infancia.

Cuántas veces has visto a padres compulsivos del entrenamiento obligando a sus hijos a ser el Ronaldo que ellos nunca podrán llegar a ser o el Fernando Alonso que gana tanto dinero a costa de la felicidad y la inocencia. Y si pierden en la competición, ¿cuántas veces has visto a un padre echar una reprimenda monumental por quedar tan solo en un segundo puesto?

No importa las veces que caigas, ¡levántate una vez más!

Es parte de nuestra labor, enseñarles que una derrota no debe ser una frustración sino un aprendizaje. Que no importa cuantas veces caigas sino que luego te levantes una vez más y sigas luchando. El cómo y cuánto debe afectarles el no conseguir su objetivo marcará su personalidad y su carácter. Saber que realmente no hay que luchar contra los demás sino contra uno mismo. Inculcarles un espíritu de superación personal y de crecimiento continuo. ¿Lo haces?

8) ¿Los mejores profesores?

Gandhi: Los niños.
Pau: Los que explican.
Rebeca: Rafa.

Los niños se consideren solo niños y tienen la figura del profesor tan arraigada como la de un padre o una madre. Ellos consideran que deben aprender de los mayores porque aún no son conscientes de que toda la sabiduría va con ellos de forma innata y tan solo deben experimentar.

El conocimiento está dentro de ti de forma innata.
¡Simplemente recuérdalo!

Ahora, con los incipientes negocios que rodean la “Nueva Era” nos venden el desaprendizaje, la reconexión, el volver a ser niños de nuevo, el olvidar lo aprendido hasta ahora. Toda la vida adquiriendo conocimientos, dejando de ser niños para, una vez pasados los cuarenta volver a ser niños, a pensar como niños, a respirar como niños y a actuar como niños. ¿No sería más fácil no perder nunca esta niñez aún siendo adultos?

9) ¿La primera necesidad?

Gandhi: Comunicarse.
Pau: Comer.
Rebeca: Beber.

Desde que el bebé está en el feto responde a estímulos externos como el tacto, la música o el habla, hasta que nacemos y empezamos a comunicarnos mediante el lloro, luego los gestos y más tarde el habla, el ser humano tiende a comunicarse con sus semejantes y a vivir en sociedad. De adultos buscamos una pareja con quien compartir nuestras vidas.

El problema viene cuando ya lo damos todo por hecho, cuando caemos en la monotonía y consideramos que nuestros actos llevan implícito un “te quiero”, un “te echo de menos”, un “perdona, me equivoqué” o un “lo siento”. Cuando pensamos que los años con los seres queridos implican conocimiento. La gente no cambia pero sí hay gente que evoluciona, que crece y que se adapta.

¡Habla! ¡Nunca es suficiente!

No tienes las mismas prioridades con veinte, con treinta o con cuarenta años y tu pareja debe verlo, interesarse, entenderlo y compartirlo. Tus hijos crecen y viven aquello que tú has vivido y tú empiezas a comportarte como tus padres lo hicieron contigo recordando cómo te repateaba que así lo hicieran.

10) ¿Lo que hace más feliz?

Gandhi: Ser útil a los demás.
Pau: Divertirse.
Rebeca: Sonreír.

¿Te has encontrado alguna vez con alguien de frente que va sonriendo él/ella solo/a por la calle? Yo, muy pocas veces, pero me lo ha contagiado. Lo que sí he sido en varias ocasiones el causante de provocar esta sonrisa en los que se cruzaban conmigo al ser yo quien sonreía tan solo de pensar en las consecuencias de hacerlo.

Encuentra tu misión en la vida, El por qué de tu existencia.

Hacer reír es una de las profesiones más sacrificadas, duras y gratificantes que existen. Pero, ¿qué haces tú bien? ¿Qué es lo que mejor sabes hacer y además te llena? Y, ¿lo estás haciendo actualmente? ¿A qué esperas?

Puedes ayudar a los demás con tu trabajo bien hecho, con tus cualidades, con tu habilidad para comunicarte, desarrollar algo o de compartir experiencias. Empatiza con la gente. Obsérvalos. Descubre sus necesidades. Escucha sus problemas. ¡Luego actúa!

11) ¿El miedo más grande? La muerte.

Gandhi: La muerte.
Pau: Y yo qué sé.
Rebeca: Tenerlo.

Los niños no nacen con miedos. Cuando empiezan a escalar los columpios, trepar muros, acercarse al fuego o hacer piruetas, son los padres los que no paran de decir “ten cuidado” en el mejor de los casos y “te vas a caer” la mayoría de las veces.

Transmitimos nuestros miedos sin darnos cuenta. Si tenemos vértigo, no les dejaremos trepar alto, si tenemos claustrofobia no les dejaremos meterse en sitios pequeños o cerrados, si tenemos inseguridad en nosotros mismos no les dejaremos saltar cosas complicadas. Pocas veces les alentaremos diciendo “tú puedes” o “confía en ti y en tus posibilidades.”

Transmitimos nuestros miedos a nuestros hijos.

Independientemente del miedo o miedos que adquirimos de adultos, hay algo que es común a todas las personas y es el miedo a o desconocido. En una película de miedo donde sale un asesino despiadado tienes más miedo cuando sólo filman su silueta que cuando al final le ves la cara. ¿Y qué es lo más desconocido para el ser humano? ¿Qué hay después de la muerte? ¿Cuál es el propósito de nuestra existencia?

Nadie sabe lo que hay más allá: reencarnaciones, el paraíso, un harén de vírgenes, nada. Dependiendo de tu religión, creencias y/o enseñanzas tienes una respuesta u otra, pero no dejan de ser conjeturas, actos de fe o meras creencias.

12) ¿El peor defecto?

Gandhi: El mal humor.
Pau: El egoísmo.
Rebeca: Fumar.

¿Conoces algún niño con mal humor? Bueno, tal vez algún padre que no haya sabido atajar a tiempo una rabieta o un mal despertar y haya permitido que su hijo controle su vida a base gritos y lloros. Pero aún así no es un mal humor continuo sino un medio para conseguir el objetivo de salirse con la suya. No es una personita amargada, siempre negativa y fastidiada por cualquier cosa a su alrededor. ¿Conoces entonces algún adulto con mal humor?

No existen seres más risueños que los niños y los perros.

El mal humor tan solo lo genera nuestra mente. Aquella que tiene la potestad para, una vez sucedido algo, que nos afecte sobremanera o que lo aparte y sigamos nuestro camino. No podemos evitar que nos ocurran cosas, tanto agradables como desagradables, lo que sí que podemos controlar es cómo nos afectan esas cosas.

La gente positiva las afronta como una lección de la que deben aprender y no se quedan mucho tiempo regodeándose en el dolor. Pensar que el mundo está en contra de uno no conlleva a ningún sitio.   

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Claudia dice:

    Me encanta tu idea, y por su puesto la forma que has tenido de llevarla a cabo. ¡Y cómo no! Las respuestas de tus peques son geniales, muy sinceras y espontáneas.
    Sigue con esto, se te da bien. Un beso enorme!!!

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    1. kayakoyons dice:

      Muchas gracias Claudia. Un placer leerte. Me encuentro valoraciones en las redes sociales de gente a las que le ayuda leer lo que he escrito y se las recomiendan a gente que conocen y es muy gratificante. Un beso!

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