El “¡Vale!” de los niños

¿Te suena? Es una de las respuestas más repetidas por los más pequeños y es algo que puedes inducir tú si tienes un poco de imaginación y creatividad, algo que ellos derrochan.

Recuerdo una anécdota con Rebeca y Pau siendo más pequeños una mañana de primavera. Nada más despertar, incluso desde la cama realizaron una pregunta muy común “¿qué hacemos hoy?” Su madre y yo les habíamos acostumbrado a realizar actividades creativas muy diversas y nos lo teníamos merecido.

Hacía poco, por trabajo, habíamos estado en Londres y nos los habíamos llevado haciendo un esfuerzo económico. En respuesta a su pregunta, formulé otra cuestión: “¿a dónde queréis ir?” Rebeca se quedó por un instante pensativa y dijo: “¡a Londres!”

Una sonrisa inundó mis labios al mismo tiempo que el resorte de padre responsable se disparó automáticamente contestando: “Rebeca, Londres está muy lejos, hay que ir en avión…” Ella quedó pensativa por un instante y propuso otro destino: “¡Port Aventura!”

Ya no una segunda sonrisa, sino más bien una carcajada resonó en mi boca. Le expliqué que esta otra propuesta era incluso más cara que la primera. Ya sabéis, esos dos por uno, cuatro por tres o niños gratis que anuncian los parques temáticos y que cuando simulas la compra son mil euros tres días.

Inmediatamente, tu cerebro empieza a darle vueltas a las posibles opciones. MI mente analítica descartó la primera opción pero buscó en Internet la segunda, aunque sólo fuera ir y volver, aunque sólo fueran doscientos cincuenta o trescientos euros. Todo es carísimo. Salir de casa con niños es una ruina, pensé.

Se nos ocurrió un plan alternativo: “¿Qué os parece si vamos a la montaña a buscar caracoles,  ramitas y flores?” propusimos. Su respuesta fue: “¡Vale!” Pasamos un estupendo día en el campo, al lado de casa con coste cero y los pensamientos de “como padre no he podido darle a mis hijos lo que me han pedido” desaparecieron, por lo menos hasta el día siguiente 😉

Ellos se conforman con poco, solo en tu cabeza están tus frustraciones.

Recuerdo otro ejemplo aunque esta vez en una situación más crucial en nuestras vidas. Tras quince años entre noviazgo y matrimonio, decidimos separarnos. Durante ocho meses habíamos intentado que no sucediera porque ambos teníamos como pilar fundamental de nuestra existencia la familia, pero sucedió.

¿Cómo se lo explicas a los peques? ¿Cuáles son las mejores palabras? ¿Cual es el mejor momento? Hablando, de forma natural y nunca son las respuestas. Y así lo hicimos. Esta vez fue Pau quien con unos siete años nos dio una lección magistral de madurez respondiendo un “¡Vale!” que nos dejó estupefactos. Un “¡Vale!” al que añadió “Mientras esté con uno de los dos.”

Tú, preocupado por la respuesta de los niños, preocupado por las palabras a utilizar, preocupado por sus sentimientos, preocupado por sus posibles respuestas, preocupado por su reacción, preocupado por si se pondrían a llorar, preocupado porque dinamitas uno de los pilares que soportaban tu existencia y él contesta con un “¡Vale!” y se pone a jugar.

Aplica ese “¡Vale!” cuando las cosas te vayan mal. Un desamor, una situación económica dura, la pérdida de un ser querido, el quedarte sin trabajo, una ruptura. Aplícalo a cualquier situación. Asúmelo cuanto antes con un simple “¡Vale!” convencido. No le des más vueltas buscando opciones o razones, es así y no va a cambiar. Acéptalo en un instante y tu vida cambiará.

Acepta tu situación con un “¡Vale!” convencido y todo cambiará.

Tómatelo como una lección de vida. Eso ha sucedido porque tenía que suceder, porque tenía que ser ahora y porque no podía suceder de otra forma. Di “¡Vale!” y ponte a jugar. Di “¡Vale!” y sigue tu camino. Aprende la lección y continúa creciendo, como Pau.

No me seas adulto y analices los por qué, ¿por qué yo? ¿por qué ahora? ¿por qué así? ¿por qué a mí? ¡Sé un niño y afróntalo como un niño! ¡No llores como un adulto lo que no supiste defender como un niño! Si quieres añadirle un toque histórico al asunto.

En ningún momento, en ninguna de las dos situaciones vividas con mis hijos preguntaron, rechistaron, se quejaron o se plantearon nada. El truco fue plantearlo en el primer caso como algo divertido, pese a los pensamientos frustrantes que pasaban por nuestras cabezas de adultos y en el segundo caso aparentar naturalidad antes una situación que iba a cambiar nuestras vidas por completo.

Haz lo mismo con tu mente. Es algo que tenía que pasar, algo inevitable, algo que aunque ahora no veas será bueno para ti o como mínimo te ayudará a crecer y a plantearte las cosas de otro modo. Pero hazlo de forma instantánea. No pierdas ni un segundo en lamentarte, no pierdas un instante en pensar cómo haberlo evitado o cómo hubiera sido si hubieses hecho esto o aquello. Ha sucedido y ya está. Ponte a jugar. Si no lo haces te encontrarás con que la situación te amargará el juego.

No verás a un niño días enteros lamentándose por algo que le ha ido mal. Di “¡Vale!” y actúa consecuentemente. Como si fueras a un bar y pidieras una bebida y te dijeran que no hay, dices “¡Vale!” y pides otra cosa o te vas a buscarla a otro sitio pero no te quedas lamentándote o llorando por los rincones del local.

Di “¡Vale!” y juega. Di “¡Vale!” y sigue. Di “¡Vale!” y vive.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

    1. kayakoyons dice:

      ¡Gracias por tu comentario Esther!

      Me gusta

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